Después de algunos años de conocer el mensaje crístico y con mucha insistencia tratando de difundirlo y viviendo el rechazo de las masas hacia él, decidí entrarme al Templo para, en oración y meditación, preguntar aquella razón por la cual la humanidad no está dispuesta a aceptar esa Verdad.
Pasó un día, pasaron dos, quizás tres, cuando vi que en la plaza de una gran ciudad se amotinaban las gentes cantándole y declamándole a un Rey del Mundo.
Aquel Rey tenía muchas caras, tantas como la gente que le seguían.
Para cada persona que le acercaba, él usaba sus propias palabras, sus propios gestos y, por ende, su mirada.
Cada persona que con él hablaba, expresaba su sentir y admiración, y decía: “Yo le entendí, con él me siento bien”.
Yo indignado y un poco impulsivo me decía: “¡No es posible!, no puedo identificar a este personaje. ¿Quién será?. ¡Es que tiene tantas caras!. Quiero hablar con él, pero... ¿cuál será su verdadero rostro?. No quiero que me engañen como a estos pobres miserables que no se han dado cuenta que, con la cara que le habla a unos, no es la misma cara con que le habla a otros”, y me dije: “Voy a hablarle”.
Me le acerqué... mi saludo fue: “¿Cómo está señor?”.
Y él me contestó: “Muy bien, me siento como Rey de este pueblo”.
Y yo le pregunté: “¿Quién te hizo Rey y cómo me lo demuestra?”.
Y con gran orgullo y vanidad me dijo: “Me hizo Rey el mundo y para cada una de estas personas tengo mi propia verdad”.
Y yo le dije: “¿Es que hay muchas verdades?, acaso... ¿no hay una sola?”.
Y él me contestó: “Cada persona tiene una verdad, depende como se le hable”.
Y yo le pregunté: “La verdad, acaso ¿no es Dios?”.
Eufórico y soberbio me replicó: “¿Es que tú no crees que yo para estos imbéciles no soy su Dios?. Ellos hacen lo que yo les impongo y viven como yo quiero, porque creen en mi, tienen fe en mi; cuando delinquen y se han portado bien conmigo, les perdono”.
Yo le contesté: “No comparto tus ideas; tengo en mis manos el Mensaje Crístico que redime al hombre”.
Él, enfurecido, llamó a la multitud y les dijo: “Destruyan a este imbécil que me quiere eliminar”.
Alguien se le acercó y le dijo: “¿Con qué arma lo quiere eliminar?”, y él le contestó: “Con la verdad unida en una sola. Eso sería catastrófico para mi sistema. Yo manejo la ignorancia de las masas para que, con mis palabras y mis caras, hacérselas ver al mundo como mis verdades”.
Yo, en ese momento, me puse reflexivo más no derrotado.
Me dije: “Tengo que saber quién es este personaje”.
Fui penetrando en esferas superiores de conocimiento y comprensión y comprendí que ese personaje manejaba la política del mundo y, por ende, a los políticos que, sin conciencia y sin alma, engañan a un pueblo que se reviste con su propia ignorancia y se deja imponer, como dijera el poeta, “aquellas verdades amargas que, en lugar de ser dulces, son hiel”.
Nuevamente, indignado y lleno de coraje me acerqué al personaje en mención y le dije: “¡Canalla, embustero, mentiroso!, tú engañas a este pueblo, a esta humanidad porque no busca a Dios y cree en las personas”.
Y me contestó: “Eso que tu dices es falso, porque toda esta gente si busca a Dios”.
Y yo le dije: “¿Cómo me lo demuestra?.
Y él demostrando su poder sobre el pueblo, dijo a las multitudes: “¡Pueblo mío!, demostrémosle a este imbécil y cobarde donde está mi poder. Vamos a la Iglesia, vamos a rezar y de allí saldremos fortalecidos para seguir luchando y llevando a este pueblo al poder, porque yo soy el Rey”.
En ese momento vi entrar a las gentes a sus Iglesias a pedir al Dios de su creencia para que su Rey triunfara, y yo me decía: ¡Qué triste es ver a una humanidad en decadencia espiritual, divorciados en su totalidad de ese Dios-Creador, pidiendo en los altares que su candidato o su rey de la tierra triunfe, no queriendo darse cuenta que ese personaje o personajes están al servicio de un reinado del mundo que es diametralmente opuesto al reinado del Cristo, que es del Cielo”.
Los reyes del mundo manejan a la humanidad con violencia, con hambre, con explotación, con amenazas y con sangre.
El reino del cielo maneja a su pueblo, a sus hijos con abundancia, con Amor, con Paz y con Sabiduría...